En un día tormentoso, en día de algún mes en el año 1995, el artista musical Norberto “Pappo” Napolitano viajaba en su auto por la Av. Hipólito Yrigoyen en dirección hacia Longchamps para ir a su casa quinta a descansar, al llegar al semáforo de la calle Palumbo descubrió que el camino, en dirección a Glew, al que acostumbraba tomar estaba cortado por reparaciones, él se desvía por la izquierda y luego retoma a la derecha en paralelo con la avenida hasta que revienta una botella de vidrio causando que una rueda se pinche, ante la mala suerte que traía ese día no tenía rueda de repuesto, sacando lo necesario del auto se dirige a un bar que había cerca, ya refugiado decide escribir en un cuaderno lo que le salía de la cabeza a lo que en un pronto futuro se convertiría en la canción “Longchamps Boogie”.
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Segunda historia - sinopsis
Meses más tarde a lo ocurrido en el día tormentoso, Pappo en otro viaje solo que esta vez acompañado le preguntan si conocía algún bar para tomar algo y poder descansar, esto le trajo malos recuerdos pero era lo único que conocía y se dirigió al bar de aquella vez, al llegar no había muchas personas por ser día laboral además de ser temprano a la mañana. Al entrar al sitio se dirige al dueño que lo saluda con un apretón de manos y le entrega unas tazas con café, uno de los acompañantes dice que el obelisco es similar al de Capital Federal, el dueño le cuenta que ese obelisco se hizo entre los años 1935 y 1940 que además se decía que ese obelisco representaba la diferencia de altura entre Capital Federal y Longchamps, después de una amena charla sumándole la historia de la estatua de los perros, Pappo y los demás siguieron camino.
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Tercer historia - sinopsis
Tras la muerte de Pappo en el 2005 fue difícil al principio, más o menos por el 2009 alguien hizo una estatua, con sus propias manos, en honor a Pappo; esta fue inaugurada un 12 de marzo, muchas personas la vieron y aquellos que sabían quién era se sacaban fotos, mientras que otros sin saber (o porque sabían pero no les importaba) escribían y rompían la estatua por pura diversión (o maldad), el dueño del bar en un pequeño recorrido matutino se acercó a la estatua dándole un vistazo por todos lados y con una cara de pena pone una mano sobre el hombro de la estatua, un susurro sale de sus labios, “fue muy bueno que hayas estado por acá, hace tiempo que no se veía a alguien interesado en nosotros”… Muchos recuerdos aparecieron en la mente del señor ya grande, entre ellos cuando le conto sobre el primer vuelo que se realizó y la mirada de Pappo concentrado en la historia.
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